Estados Unidos debe disculparse con las Islas Marshall por las pruebas nucleares

Con la prueba nuclear de Able el 1 de julio de 1946, Estados Unidos disparó la salva inicial en una de las peores y menos conocidas tragedias en la historia de nuestra nación. Setenta y cinco años después, es hora de que la administración Biden rompa con el pasado y emita una disculpa presidencial a las víctimas de las pruebas nucleares en las Islas Marshall. Esta acción promete abordar las injusticias pasadas, ayudar a restaurar el liderazgo moral de los Estados Unidos en el escenario mundial y eliminar la posibilidad de calamidades similares.

Estados Unidos probó 67 armas nucleares entre 1946 y 1958 en lo que ahora es la República de las Islas Marshall (RMI), una nación de 29 atolones ubicada casi a medio camino entre Hawái y Australia en el Océano Pacífico. En ese momento, las islas estaban bajo protección estadounidense. Las pruebas nucleares y sus consecuencias tuvieron el mayor impacto en cuatro atolones del norte: Enewetak, Bikini, Rongelap y Utrok, cada uno de los cuales fue evacuado debido a la radiación derivada de las pruebas con cargas útiles hasta 1000 veces mayores que la bomba lanzada en Hiroshima.

Hoy, solo dos de esos atolones han sido reasentados, sin un cronograma para el regreso permanente de Marshallese a Bikini y Rongelap. Nuestros estudios recientes, en medio de una gran cantidad de trabajo del Departamento de Energía de EE. UU., demuestran que la contaminación radiológica en estos lugares es un problema continuo. Dada la culpabilidad única de Estados Unidos en el sufrimiento del pueblo marshalés, Estados Unidos debe disculparse por sus acciones.

Este no sería un paso sin precedentes. El presidente Bill Clinton se disculpó en 1997 con las víctimas del experimento Tuskegee en una ceremonia pública en la Casa Blanca. El centro de ambos episodios son los problemas de raza y racismo con personas de color atacadas y dañadas en cada turno, así como el papel que desempeñaron los científicos al herir a las comunidades en nombre del conocimiento y el progreso. Dados estos puntos de similitud, la disculpa de Tuskegee proporciona una plantilla histórica pertinente.

La disculpa a los marshaleseses debe incluir un reconocimiento abierto y honesto de los pasos en falso, un compromiso con objetivos concretos que puedan mejorar la vida de las personas en las comunidades afectadas y, lo que es más importante, una promesa de no volver a cometer tales atrocidades en nombre del pueblo estadounidense. Sin embargo, la ceremonia no solo sería un reconocimiento sombrío de las injusticias pasadas; también brindaría la oportunidad de celebrar la vida de los sobrevivientes y sus descendientes.

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En las Islas Marshall, se deben dirigir más recursos hacia la limpieza ambiental y los esfuerzos para proteger a los habitantes de las Islas Marshall de la confluencia de la radiactividad y el calentamiento global. Las organizaciones locales, como la Comisión Nuclear Nacional de RMI recientemente creada, brindan vías críticas para la comunidad afectada en lugar de los burócratas de Washington para dirigir la financiación. Al mismo tiempo, las lecciones y perspectivas de las Islas Marshall deben incorporarse a los planes de estudios escolares de los Estados Unidos. Como educadores, entendemos el poder de la comunicación abierta sobre los pasos en falso de nuestras naciones. ¿Cómo se supone que nuestros jóvenes aprendan de los errores del pasado si esta historia les está oculta?

Finalmente, también es necesaria una promesa de poner fin a las pruebas de armas nucleares. Esto se puede lograr ratificando por fin el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares (CTBT, por sus siglas en inglés), que fue firmado por Clinton, pero nunca aprobado por el Senado. Las negociaciones del tratado presentan una oportunidad para la cooperación bipartidista ya que debe ser aprobado por una mayoría de dos tercios en el Senado. En una era de polarización, es importante enviar un mensaje al mundo de que Estados Unidos todavía puede unirse en temas críticos centrales a sus valores.

Al corregir un error histórico, esta disculpa no solo demostraría el liderazgo moral de Estados Unidos después de cuatro años de presencia reducida en el escenario mundial. También allanaría el camino para continuar las buenas relaciones con uno de los aliados más cercanos de nuestra nación. La cooperación futura con el RMI, que alberga el Sitio de Pruebas de Defensa de Misiles Balísticos Ronald Reagan y miles de personal y contratistas del Ejército de EE. UU., es fundamental para la defensa nacional del país.

Mientras Biden trabaja para guiar al país hacia un futuro mejor, no puede olvidar el pasado. Cuando y donde nos equivocamos, como fue el caso de las Islas Marshall, debemos disculparnos. El pueblo estadounidense no espera menos de sus hijos. Deberían exigir tanto de su gobierno.

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